Lourdes. Nuestro momento.

kelly 158Isabel y Natalia habían llegado a Lisboa huyendo de sus propias rutinas. Formaban una curiosa pareja de viaje.

Isabel, una mujer fuerte y calmada se acercaba a los 50 con gran elegancia y sabiduría. Divorciada desde hacía 10 años y madre de Natalia una joven enérgica, sin la serenidad que los años habían dado a su madre pero clara heredera de la elegante belleza de ésta.

Aquella noche Elena y yo compartimos con ellas el motivo de nuestro viaje. Hablamos de esos hombres que nos hacen perder la cordura, de lo que nos une a la vida, los hijos, y ellas, cada una de ellas, nos dio la oportunidad de ver el antes y el después.

Allí en aquella mesa, cuatro mujeres éramos capaces de representar el proceso de cambio que muchas de nosotras atravesamos.

Isabel nos miraba con esos ojos que te dicen “yo he pasado por esas calles y un día se llenaran de luz”.

Natalia no comprendía cuál era nuestra queja, qué era lo que de nuestros mundo en apariencia perfectos nos parecía tan insufrible y necesitábamos cambiar, y nosotras a su vez  le mirábamos tratando de explicarle que ya lo descubriría, que ya llegaría, que no es necesario correr….

Yo miraba a Natalia y me veía a mí misma hacía unos años. Y entonces Alonso irrumpía en mi cerebro como siempre, por derecho, sin importarle lo que estuviese ocurriendo en mi corazón, y mi corazón lo ocupaba Manuel, que despacito, poco a poco  iba llenando todo mi cuerpo y al llegar a mi cabeza luchaba en una batalla sin rehenes contra Alonso….

Quise hablarle a Natalia y advertirle de lo que ocurriría si se conformaba con la comodidad que aquel novio al que no dejaba de escribir con el móvil y que estaba claro que no era del agrado de Isabel, le proporcionaba. Pero, ¿acaso yo habría abandonado a Alonso sólo porque una mujer mayor que yo a la que hubiese conocido en su huida hacía la vida me lo hubiese sugerido?…..No.

A la mañana siguiente Elena y yo abandonamos el hotel dejando en aquella ciudad el peso de muchos meses .

Nos dirigimos al aeropuerto en silencio y en silencio permanecimos durante todo el vuelo reconstruyendo nuestras vidas, planificando lo que sería de ellas a partir de ahora.

Cuando el avión comenzó el descenso Elena tomó mi mano “Este es nuestro momento” y el ruido del tren de aterrizaje al entrar en contacto con la pista ahogo un “Si” que salía de lo más profundo de mí…..

Nuestro momento.

Publicado en Preteritas Imperfectas, Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Elena. Mar saudade.

file0001450215003

Los últimos dos días han sido una auténtica locura. Desde que Lourdes me llamó para contarme lo ocurrido con Manuel todo han sido mentiras en casa, lágrimas, silencios, pero también muchas risas provocadas por una estupenda botella de Niepoort redoma branco  acompañando unos deliciosos lomos de bacalao.

Marcharnos a Lisboa era lo mejor que Lourdes y yo podíamos hacer en este momento. Tener la posibilidad de hablar abiertamente y de no tener que fingir ha sido todo un regalo.

“Lisboa es como nosotras”me dijo Lourdes, “ella tiene Mar saudade y nosotras añoramos también. Añoramos lo que vivimos, lo que dejamos olvidado sin vivir, añoramos a quien amamos, añoramos nuestra libertad, parece que la tenemos, igual que Lisboa que parece tener mar…”

Paseando por el Chiado Lourdes me contó como se sentía ahora que Manuel había vuelto a su vida. Hasta ahora había sido capaz de controlar esos sentimientos pero ya no. Manuel había accedido a su corazón de nuevo al tiempo que entró en ella, con cada movimiento de sus caderas aquella noche horadó sus entrañas y se hizo un hueco allí dentro y se instaló y Lourdes sintió ese dolor de nuevo.

Yo por mi parte fui capaz de hablar abiertamente de mí. De todas esas pequeñas cosas que me atormentan, que me hacen insegura, que me paralizan. Le hablé de mi relación con mi madre, de como sus continuas críticas y reproches me habían hecho pensar siempre que tenía más de lo que merecía y de que por fin había descubierto que sí que puedo que si quiero puedo con todo.

Lourdes me confesó que hacía meses, muchos meses, que Alonso no la tocaba y que se moría de miedo. Miedo de asumir la realidad de su vida. Miedo al después.

Volví a sentirme unida al mundo, con los pies en el suelo, responsable de mi vida. Desde que Unax me había devuelto la sonrisa, esa efímera sonrisa, yo me había alejado de Lourdes. Estaba viviendo mi fantasía particular y no quería que nada real me la estropease. Compartir esos días me unió a ella más aún.

La última noche salimos a cenar al  Belcanto, un regalo de despedida. Nos arreglamos especialmente, nos perfumamos y maquillamos y seguras y serenas nos dirigimos a saciar nuestro apetito y nuestra sed en aquel paraíso culinario.

Allí, aquella noche, la casualidad y un error en nuestra reserva, nos hizo compartir la mesa con dos estupendas mujeres Isabel y Natalia que nos hicieron el regalo de su compañía en nuestra última noche en Lisboa…..

Publicado en Preteritas Imperfectas | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Lourdes. Despertando

 

you are here

Mientras duermo llega a mí un penetrante y agradable olor a café. Aun estoy dormida, dulce y plácidamente dormida. Me giro sobre mi misma, con la agradable sensación de haber dormido y descansado mucho, entonces es cuando  mis propios muslos  me desvelan que estoy desnuda, completa e indecentemente desnuda y tengo agujetas en las piernas y en las caderas, unas dulces y viejas conocidas agujetas de placer.

Junto al olor a café llega a mis oídos el susurro de un cacharreo lejano. Me remuevo en la cama, huelo las sabanas, no es mi olor, es su olor. Estoy soñando con él una vez más.

A veces, justo antes de despertarme del todo, en esos segundos en los que es  como si acabase de aterrizar en el mundo, sin pasado, sin presente  y sin saber donde estoy  me doy cuenta de que he soñado con él y me recreo en el sueño, pero la realidad de mi cama, el olor de Alonso en la sabanas me sacan del ensueño y la verdad cae sobre mi como una losa.

Me recreo en mi sueño pero…

Mi casa no huele a café hasta que yo me levanto.

Estoy desnuda.

Las sabanas huelen a Manuel y a sexo.

Me despierto sobresaltada. ¡No es un sueño! De repente lo recuerdo todo, estoy en su casa, en su cama.

Casi sin probar el postre, pusimos rumbo a su minúsculo apartamento en el centro. Apenas había cambiado desde la última vez que estuve allí, los mismos muebles, algunas fotos menos decorando las paredes, más libros  adornando rincones imprevisibles y entre nosotros el mismo deseo de hablar de siempre, de compartir, de reír, de tocarnos, de besarnos, de cuidarnos.

Hablábamos sin parar, parábamos para besarnos, nos besábamos para tocarnos, nos tocábamos para sentirnos, sentíamos cada roce, cada beso como si fuese la primera vez. Cada palabra acariciaba mi piel, cada beso estimulaba partes dormidas de mi cerebro, cada caricia despertaba el deseo entumecido durante el tiempo de ausencia.

Lentamente me despierto y si, lo recuerdo todo.

En ese momento se abre la puerta del dormitorio, es Manuel en calzoncillos,  una gran sonrisa y  una bandeja con zumo, tostadas y café para dos.

Me bebo el zumo casi de un sorbo, pero no soy capaz de tragar ni un bocado de las tostadas.

-Tengo miedo Manuel, ¿Qué estamos haciendo?, ya hemos pasado por esto y no quiero…

– Yo también tengo miedo de que te vayas y no vuelvas, de que te arrepientas de lo que dijiste y sentiste ayer, tengo miedo de que decidas no quedarte.

Cierro los ojos intentando contener mis lagrimas, Manuel deja la bandeja en el suelo y abraza mi desnudez, introduce su mano en mi pelo, acaricia mi nuca y ya no tengo ganas de llorar, quiero estar así para siempre, oliendo su cuerpo, acariciando su espalda, sintiendo sus manos, el calor de su boca en mi cuello, viendo como se disipa el miedo de mi interior  transformándose en deseo.

Las dudas abandonan mi cuerpo mediante respiraciones entrecortadas  y jadeos de placer.

Sé donde quiero estar.

Nada más salir de su casa, con la firme promesa  de recordarme a mi misma donde quiero estar, llamo a Elena y se lo cuento todo.

-No tienes nada que pensar Lourdes, está bastante claro ¿no?- me dice

-Tengo que pensar Elena, no es tan fácil. Vámonos unos días tú y yo solas- digo y a mi misma me suena a locura.

-Si, vámonos, yo también necesito pensar.

Cuando llego a casa le cuento un sinfín de mentiras a Alonso sobre Elena, que no quería dormir sola, que está realmente mal y que nos vamos un fin de semana juntas a  Lisboa. Alonso quiere creerme, me sonríe, da media vuelta y se marcha yo corro a mi dormitorio a preparar la maleta. Este es nuestro momento.

 

 

Publicado en Preteritas Imperfectas | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Elena. Mirando al infinito.

Breaktime

 

Desde que Unax se marchó y dejó de formar parte de mis rutinas diarias me siento más perdida si cabe que nunca. Al principio manteníamos largas conversaciones por whatsapp, luego poco a poco nos quedamos sin palabras y ya solo nos enviábamos emoticonos. Al principio esas caritas amarillas incluían algún corazón después se volvieron cada vez más sosas hasta que no supimos que enviarnos.

Yo he pasado de mi estado de actividad casi incesante a una apatía que me deja horas mirando al infinito y esperando no se muy bien qué. Echo de menos los planes, las risas, los encuentros no siempre casuales por los pasillos, echo de menos sus besos, sus caricias, sus palabras, pero no echo de menos sus labios, sus manos o su voz. Lo que de verdad me falta desde que Unax se marchó es cómo me hacía sentir, es como me veía yo en el espejo cuando sabía que iba a encontrarme con él o cuando regresaba a casa después de una tarde de besos adolescentes. Echo de menos la chica que he sido.

En el trabajo no me concentro y tener que trabajar todos los días con el puñetero equipo que montó Unax no me ayuda mucho en parte porque me lo recuerda constantemente y en parte porque malgaste el tiempo de sus explicaciones tonteando y no aprendí como hacerlo funcionar correctamente.

Fantaseo con la idea de que me despidan y así poder pasarme las horas mirando al infinito, recordando y sonriendo, llorando y recordando.

Ya apenas recibo algún saludo perdido en el tiempo. Está claro que él no me recuerda o al menos no como lo hago yo. Tan intensamente, con tantos detalles. Me paro a analizar mi situación delante de una taza de café sentada en el salón de mi casa y concluyo que él no me recuerda porque está acostumbrado a estas cosas, a seducir a treintañeras despistadas.

No se cuanto tiempo he pasado inmóvil en el sofá pero ha debido de ser mucho porque el sol se ha escondido y Marcos me lanza una mirada reprobadora desde la puerta. Y sé lo que piensa. Piensa que aun no me he quitado siquiera la ropa desde que llegué de la oficina hace 5 horas, que las camas seguirán sin hacer y que no se donde están las niñas pese a que hace al menos dos horas que debían de haber regresado a casa.

No tengo disculpa. No quiero disculparme pero se que en cualquier momento Marcos me pedirá explicaciones y no podré dárselas.  O sí?

Publicado en Preteritas Imperfectas, Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Lourdes. Lamiendo nuestras heridas.

3759375253_2de9c1992e_z

 

Por fin llega el día y estoy nerviosa. Las mentiras me ponen nerviosa.

Le he contado a Alonso que voy a salir a cenar con las chicas, que Elena esta de bajón otra vez,  que necesita salir y no sé cuantas mentiras mas. No sé por qué extraña razón me empeño en mentir a mi marido si él no hace ni el mas mínimo esfuerzo por justificar sus salidas,  ni sus “llegaré tarde cariño, tengo mucho lio” y que yo hago como que  me creo,  pero lo sé, sé donde está y con quien. Lo veo en su cara de  placer culpable cuando llega,  huelo el sexo adultero en su camisa sucia, lo siento en sus labios fríos cuando me besa la frente y me desea buenas noches.

Yo soy mala y miento.

Miento porque no quiero dar explicaciones.

Miento porque quiero que se sienta mal.

Miento porque la verdad es mucho más larga que la mentira.

Miento porque ni yo misma quiero oír la verdad.

Llevo un rato sentada en la cama con una toalla cubriendo mi cuerpo, pensando que ponerme para cenar con Manuel. ¿Arreglada o  informal?, ¿una falda o unos vaqueros?, ¿tacones o botas cómodas?

Busco en mi armario y encuentro aquel vestido negro que no me he vuelto a poner. Lo compre pensando en él, me lo puse solo con él y para él. Me lo pruebo y me queda perfecto. Se ajusta a mi cuerpo como si hubiese sido hecho para mí, es suave y acaricia  mi recién hidratada piel y sin querer  vuelvo al pasado y recuerdo como Manuel me lo quitaba cuando lo llevaba puesto.

Es una mala elección, no es vestido para una nueva “primera cita”,  no quiero volver al pasado con ese vestido, no quiero que los recuerdos  hagan acto de presencia en nuestra cena.  Quiero que todo sea nuevo, quiero que me vea tal cual soy ahora y no, no quiero hacernos mas daño.

 

He estado toda la semana evitando estar a solas con él, fingiendo que estoy súper-concentrada en mi trabajo. Intentando no respirar  cuando pasa a mi lado para no embriagarme de su olor, apretando mis músculos para no rozarle,  esquivando su mirada para no encontrarme con sus ojos que me hablan, midiendo mis palabras para no decir lo que mis ojos no callan.

Una mañana, entró sin llamar en mi despacho, con urgencia cerró la puerta y se sentó frente a mí. No dijo nada, clavo sus ojos en los míos y me obligo a mirarle fijamente. Sostuve su mirada sin moverme, sin pestañear para no perderme ni uno solo de los tonos de marrón que forman sus ojos. Nos miramos sin hablar unos minutos, los suficientes para volver a naufragar y perderme  sin remedio… y sentirme de nuevo yo.

-Creo que tenemos que hablar-dijo por fin, sin dejar de mirarme- deberíamos hablar… quiero hablar contigo.

-Claro, dime.

Ni se inmutó.

– No, aquí no. Quiero hablar contigo de verdad, tú y yo el viernes. Te recojo a las ocho y media, cenamos. ¿Puedes?

-Si puedo- dije con una sonrisa.

Se fue como vino, sin decir nada más.

Me decido por unos vaqueros y  jersey negro, sin pretensiones, no quiero que piense que quiero… no  quiero que  entienda que pienso… no quiero que sienta que siento…  pero siento. Siento y me duele.

Me recoge, cenamos, hablamos, nos reímos,  y poco a poco le voy contando mi verdad, mi día a día desde que se fue, sin adornos ni artificios, sin mentiras de una felicidad fingida, de los niños, incluso de Alonso. Ya en los postres un poco más relajados, tras una botella de vino,  me permito  el lujo de preguntar donde ha estado todo este tiempo.

-Dando vueltas, alejándome de ti, pensé que si ponía tierra de por medio, sería más fácil, pero mira, aquí estoy otra vez, rendido.

-¿Rendido? ¿Por qué?-quise saber.

-Porque no he conseguido dejar de pensar en ti ni un solo día, porque me fui cuando más me necesitabas,  porque si me hubiese quedado…

Acerca su silla a la mía y con sus manos acaricia mi cara borrando las lágrimas que espontáneamente salen de mis ojos.

-…porque fuimos unos cobardes, porque solo tú puedes curar mis heridas.

Y cada caricia es una descarga eléctrica.

-Y ¿Dónde están tus heridas?-pregunto.

Señala su corazón y con mi mano dejo un beso en su pecho. Señala su cabeza y con mis labios acaricio su frente, señala sus labios y con mi boca lamo sus heridas.

-Quédate esta noche conmigo- me pide.

Y me quedo.

Publicado en Preteritas Imperfectas | Etiquetado , , , , , , , , , | 2 comentarios

Elena. Beber a morro

cervezasEn esta fiebre adolescente en la que me encuentro sumergida he recuperado algunos hábitos que ya daba por desterrados en mi vida.

Camino mucho. Y no lo hago corriendo. Camino pausada y me paro en los semáforos y espero a que el muñequito verde me indique que ya puedo seguir. Igual este gusto por la calma tiene algo que ver con que últimamente al final de mis piernas hay tacones y por mucho empeño que le pongo aun soy poco diestra en su manejo.

También he vuelto a beber tercios, así, de la botella directamente apoyada en la barra de un bar. Y me gusta la sensación que provoca en mi.

Otra costumbre recuperada ha sido la de mirarme al espejo. Lo hago mientras me arreglo, al salir de casa para constatar que mi aspecto sigue siendo magnifico, en el retrovisor, en el ascensor….. Y es que ese tonteo que mantengo con Unax me está viniendo de perlas o como diría mi nueva yo, esa que bebe a morro de un tercio de Mahou, de puta madre.

A el que creo que no le hace tan feliz este cambio es a Marcos, supongo que no le gusta porque no está participando de el, y eso que ignora el verdadero motivo del mismo. No tiene ni idea de que bebo tercios o camino despacio.

Lo que si ha descubierto es otra de las actividades que he recuperado. Hacía mucho que no lo hacía, mucho mucho tiempo. Pero….ayer después de estar con Unax, al meterme en la cama y notar el roce de las sabanas sobre mi piel no pude evitar deslizar las manos por mis muslos. Y en esas estaba, acariciándome, totalmente abstraída, cuando Marcos entró en la habitación y lejos de avergonzarme o intentar disimular le invite a que se acercase y se uniese a mi estallido adolescente.

Nunca antes había sentido tanto estando en la cama con Marcos. Estando con Marcos pero sin estar con él porque allí en aquella cama eramos Unax y yo los que nos revolcábamos, tocábamos y besábamos . Eran las manos de Unax las que agarraba mientras me movía sobre Marcos, eran sus ojos los que me miraban.

No sé qué pasó. No sé porque sentí todo aquello. Sólo sé que fue absolutamente increíble y que después me sentí increíblemente vacía.

A la mañana siguiente Unax se despidió de mí. El trabajo le obligaba a volver a su ciudad.

Yo sigo bebiendo tercios a morro.

 

Publicado en Preteritas Imperfectas | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Lourdes. Y me puse una sonrisa…

PEOPLE_line-lady

Segura de mi misma y llena de energía entro  taconeando en el edificio donde se aloja mi oficina.

Mi despacho esta en la planta 10.

Me doy cuenta de que canturreo mientras pulso el botón del 10 en el ascensor, casi que puedo bailar las canciones que cantaba en el coche pero me contengo, no estoy sola en el ascensor.  Me acompañan unos semejantes trajeados y encorbatados  que me miran de arriba  abajo, sin disimulo. Sonrío ante sus miradas y me devuelven la sonrisa. Si, debo estar radiante hoy, me siento esplendida.

Bajo en la planta 10 y antes de que se cierre la puerta escucho:

-Que tengas un buen día.

-Tu también- respondo al desconocido encorbatado con una sonrisa.

Llevo siete años trabajando en este edificio, subiendo todos los días a la planta 10 varias veces y jamás un desconocido me había mirado así y jamás de los jamases me habían dicho “que tengas un buen día”.

Antes de entrar en el despacho y dar los buenos días a Lucia paso por el baño, tengo la sensación de que hoy tengo algo en la cara “¿llevaré coloretes de payaso y por eso me miran?”. Nada más lejos de la realidad,  mi maquillaje es sutil e imperceptible como siempre. Lo insólito en mi cara es la sonrisa.

Me miro en el espejo, me acerco, de perfil,  de un lado, del otro lado, pongo morritos y constato que mi cara ha sido invadida por una amplia sonrisa que ilumina mis ojos y da luz a mi vestido. Es mi sonrisa la culpable de las miradas, responsable de que Alonso me encuentre estupenda hoy.  Hago gestos, muecas, intento ponerme seria frente al espejo, recuperar mi cara de borde, seca y agria y no me sale, no puedo, la sonrisa vuelve a apoderarse de mi cara.

¿Por qué? ¿Por qué sonrío sin razón? Debe haber algún motivo. Ayer me quería morir de la pena.

Alguien entra en los baños y disimulo, hago como que voy a hacer pis. Me siento en la taza y pienso y busco el motivo de mi alegría. Busco y pienso. Solo hay una razón, solo una cosa ha cambiado. El objeto de mi felicidad se llama Manuel, volver a verle, volver a mirarle, volver a olerle, saber que esta en Madrid, aunque no quiera volver a verme, su sola presencia es lo que ha hecho que vuelva a la vida.

Asumo que tengo sonrisa y me la dejo puesta.

Lucia me mira raro cuando entro, supongo que no esta acostumbrada a verme así. Me informa de que mi jefe me espera en su despacho.

La sonrisa se me cae a los pies nada más abrir la puerta y se transforma en una mueca de sorpresa, mi corazón da un brinco al encontrarme con mi jefe y otras dos personas más, una de ellas Manuel,  que nada mas oírme se levanta y sonríe y yo ya no encuentro la sonrisa que me ha acompañado toda la mañana.

-Bienvenida Lourdes, espero que te encuentres mejor.

-Si estoy mejor- consigo articular

Y me explica que Manuel y Roberto serán mis compañeros en el nuevo proyecto que tenemos entre manos, que le ha costado mucho que acepten la propuesta pero cree que formaremos un gran equipo, como ya lo hacíamos en el pasado.

Y habla y habla y yo ya no escucho nada, solo oigo la respiración de Manuel cerca de mí y los latidos de mi corazón desbocado y no entiendo nada.

¿Por qué no me lo había dicho?

¡¡El mail!!

El mail que no he leído.

Mi jefe quiere que nos pongamos ya a trabajar y yo me excuso diciendo que tengo algunas cosas pendientes y que en media hora estoy con ellos en la sala de reuniones. Me encierro en mi despacho y abro el mail.

“Ya se que hace mucho que no te escribo”

 Ni un hola que tal ni nada.

“Me ha encantado verte y sobre todo que me cuentes que eres feliz, aunque a decir verdad no te creo, tus ojos te delatan, pero ya hablaremos de eso, si te consuela, yo tampoco lo soy”

 ¿A quien pretendía engañar?

Quería contarte… que vamos a ser compañeros otra vez, me ha costado mucho aceptar la oferta, de hecho aun esta en el aire, porque si tu no estás de acuerdo, si tu no dices si, cojo mis cosas y me voy (otra vez). 

Volver a Madrid, volver a verte, estar cerca de ti otra vez… ha sido muy difícil, mis heridas aun no se han curado, ni creo que se curen, pero he de seguir adelante. No podemos seguir escondiéndonos, perdón, no puedo seguir escondiéndome de ti, ni seguir negándote”.

Mis heridas tampoco se han curado.

“Tengo ganas de verte, tengo ganas de hablar contigo y tengo miedo, tengo miedo de verte todos los días, sentirte cerca y no poder reaccionar con cordura, pero más miedo me da sentir todos los días el dolor que me produce estar lejos de ti.

Necesito hablar contigo pero antes, por favor, dime si quieres que trabajemos juntos, si estas dispuesta a verme todos los días”

 La sonrisa vuelve a mi cara y el aire a mis pulmones.

Llaman a la puerta y se abre suavemente, es él, se queda en el quicio sin atreverse a entrar.

-Si estoy dispuesta.

 

Publicado en Preteritas Imperfectas | Etiquetado , , , , , , , , , , , | 7 comentarios

Preparados, listos, Ya…..

IMG_0127

 

 

Esta mañana como ocurre últimamente casi todas las mañanas apenas he tenido tiempo de ver a las niñas. Es lo que tiene arreglarse. Si presto atención a mi vestuario, mi maquillaje y mi peinado no puedo prestárselo al de ellas y sospecho que esa extraña indiferencia mía les encanta en la misma proporción que irrita a Marcos que no deja de echarme en cara “este despiste continuo que tengo y que está empezando a afectar a la vida familiar”. Yo le miro como si no supiese de que me está hablando y es que me la sopla.

Si. Desde hace unas semanas me la sopla mi vida familiar, me la sopla lo que se pongan las niñas, bastante tengo yo con ocuparme de lo que me pongo yo cada  mañana, me la sopla que la nevera parezca el Desierto de Gobi, y me la SOPLA así en mayúsculas, negrita y cursiva lo que Marcos piense de mí.

Estoy sufriendo una especie de regresión a la veintena que me parece super divertida. La pasada semana salí cinco de los siete días, todos ellos con Unax. Un concierto, un espectáculo de improvisación teatral, un japones  y dos borracheras.

De pronto me siento renovada. Con ganas, con fuerzas, capaz de todo y sin querer nada en realidad porque más dispersa no se puede estar. Pero resulta que esta nueva yo que a Marcos horroriza, fuera de casa causa furor. Ya nunca tomó café sola en la oficina, siempre hay alguien que quiere tomarlo conmigo y la culpa la tiene mi recién estrenada sonrisa.

Sólo hay algo que a veces ensombrece la presencia de Unax y es el recuerdo del dolor en los ojos de Lourdes.

Recuerdo a Lourdes cuando Manuel se cruzó en su vida y me da tanto miedo llegar a sentir una pequeña porción de el dolor que la ensombreció cuando él se fue…… pero… deseo tanto sentirme una mínima parte lo viva que Lourdes se sintió entonces…

Unax me hace especial. Más guapa, más lista, más divertida, más despreocupada. Unax me hace reír y las veces en que mi piel ha rozado la suya he sentido una descarga de millones de vatios atravesando cada uno de los poros de mi piel.

Anoche por un momento pensé que iba a besarme. Estaba hablándome de él, de su vida fuera de Madrid, de lo que le gusta el mar, del significado de sus tatuajes y yo no podía dejar de mirarle a los ojos y la boca, no podía dejar de jugar con un mechero entre mis dedos y no podía evitar imaginar el sabor de sus labios y su lengua. No era capaz de decir una frase coherente, tenía la mente adormilada por la cerveza y la presencia de Unax y sin embargo notaba como mis sentidos estaban alerta. Quería registrar en mi memoria su olor, su forma de mover las manos, el timbre de su voz…….quería tener todos aquellos recuerdos para cuando no estuviese.

Anoche Unax no me besó pero al dejarle en su apartamento acerco sus labios a mi oído y dijo “Hubiese querido hacerlo”. Y aquella frase, la conjugación de aquellos tres verbos me puso en el disparadero de salida.

 

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | 1 Comentario

Lourdes. Tengo un e-mail

file000205605496

 

Son las cinco y media  de la mañana y estoy harta de dar vueltas en la cama, cansada de no dormir, saturada de pensar y llegar siempre a la misma conclusión una vez tras otra. Toda la noche imaginando, soñando despierta, fantaseando posibilidades, ansiando respuestas.

He intentado  pensar en la historia que me contó Elena para distraerme, el motivo de su sonrisa picara, el adonis disfrazado de técnico de centralita y por mas vueltas que le daba, imaginándome a Elena sonriendo por fin, disfrutando de su posible cena con Unax, no podía evitar recordarme junto a Manuel, Manuel en mi cama, Manuel haciéndome reír, Manuel haciéndome el amor,  Manuel haciéndome feliz.

Deseando dormir, perder la consciencia unas horas. Necesito descansar mi cabeza, dejar de pensar.

Dormir, dormir, dormir uno de los mayores placeres de mi vida, nunca me parece suficiente, siempre quiero más. Constantemente arañando unos minutos al despertador, soñando excusas para no ir a trabajar y quedarme en la cama hasta mediodía, pero hoy no, el sueño no ha llegado y estoy deseando irme a trabajar, distraerme.

Me levanto en silencio y con más sueño del que me acosté, me preparo un café cargadito y todo, cada uno de mis silenciosos movimientos, me devuelven a mi realidad.

Enciendo el portátil con la intención de ponerme a trabajar. Leo la prensa y no ha pasado nada importante en el mundo, veo tendencias de moda y no hay nada que me llame la atención aparte del retorno de los vaqueros nevados de los ochenta que ya eran horribles antes y ahora lo son más. La vida sigue igual, la tierra no ha dejado de girar sobre su eje, no ha habido una hecatombe mundial, ni se han descongelado los polos, ni han venido los extraterrestres a invadirnos, la Tierra sigue girando igual que yo. Mi vida sigue, no puedo parar ahora, esto no se puede convertir en mi holocausto personal  otra vez.

Me levanto, extiendo los brazos sobre mi cabeza, respiro hondo, mantengo el oxigeno en mis pulmones, respiro despacio, la vida sigue, mi vida sigue y yo con ella. Mis neuronas se ordenan  y tomo las riendas  de la situación: si, Manuel esta aquí, pero yo ya no soy la misma, ni la situación es la misma.

Respirar y beber café siempre ayudan.

Abro el correo, cuarenta mensajes sin leer, casi todos de Lucia, llamadas perdidas, mails sin contestar y un breve resumen de la reunión de ayer, todo correcto hasta que mis ojos se detienen sin querer en un sobrecito cerrado con remitente de sobra conocido, cierro los ojos con fuerza, con la esperanza de que al abrirlos haya desaparecido, que solo sea un producto de mi imaginación o de la falta de sueño, un error, una confusión de mis ojos. Al abrirlos sigue allí. Cerrado y no lo voy a abrir.

Hoy comienza una nueva etapa, a pesar de no haber dormido, me siento fuerte con ganas  de superar esto. Hoy comienza mi nueva vida con Manuel en Madrid pero sin Manuel.  Tengo que ser fuerte, mucho más fuerte que nunca, “empoderarme”, palabra que no se si existe en español pero que Berto me repite una y otra vez y me encanta.

Busco a ver si existe…

Según Wikipedia: se refiere al proceso por el cual se aumenta la fortaleza espiritualpolíticasocial o económica de los individuos y las comunidades para impulsar cambios positivos de las situaciones en que viven. Generalmente implica el desarrollo en el beneficiario de una confianza en sus propias capacidades.

Pues eso, confío en mi capacidad de superar esto y no necesito leer su mail, no quiero saber porque me escribe, no quiero explicaciones, sé de sobra porque se fue, ni idea de porqué  ha vuelto, pero hoy no lo quiero saber porque hoy, soy fuerte, hoy puedo con todo.

Y mientras pienso esto y sonrío internamente, recuerdo la sonrisa de Elena mientras me relataba su encuentro con Unax y recuerdo a Elena llorando en el probador del Peche Carmel  y me doy cuenta de cómo puedan cambiar las cosas en pocos meses, incluso de un día para otro. Podemos pensar que nuestra vida está acabada y una pequeña chispa, un pequeño detalle nos devuelve a la vida.

Probablemente el retorno de Manuel sea la chispa que necesitaba, la descarga eléctrica que  pone en marcha mi corazón (en paro cardiaco desde que se fue).

Amanece  y mi casa se llena de luz igual que mi alma. En silencio para  no despertar a mi familia, me ducho, me hidrato, me maquillo y acicalo  como si no hubiera un mañana. Cuando se despiertan tengo el desayuno preparado, las mochilas y todo lo necesario para irnos al colegio cantando en el coche como si fuese el día más feliz de mi vida. Los niños están atónitos ante su nueva madre y yo me quedo patidifusa ante el beso de despedida de Alonso que me dice:

-Estas radiante hoy, se nota que has descansado.

Y estallo en carcajadas internas.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

UNAX II

image

Hoy ha sido un día……pufff no se decir si bueno o malo. No lo se. Ha sido básicamente raro.

Esta mañana me desperté antes de que sonase el maldito despertador. De pronto, sin  más, abrí los ojos y una sonrisa lleno ni cara y entonces me pregunte a mi misma “Elena ¿ por qué coño sonríes?” y una especie de escalofrío recorrió parte de mi cuerpo. Ha empezado justo entre las piernas y ha terminado a la altura de mi pecho y entonces de pronto he recordado que ayer en la oficina lo pasé bien. Por primera vez en muchos años disfruté estando allí.

He salido de la cama me he duchado sin pereza incluso me he dado una crema hidratante reafirmante que me recomendó comprar una “asesora de belleza” en un centro comercial. Y entonces he sacado de mi cajón uno de esos sexys conjuntos  de lencería y he cogido del armario un bonito mono de pantalón largo y corte realmente favorecedor que compre ayer junto con todos sus complementos pensando en él y fantaseando con esa propuesta de cocinar para mí.

Cuando he llegado a la oficina he podido notar como me miraban, algunos con más descaro que otros. Por un momento he temido llevar mal puesto el maquillaje o que mi recién estrenada ropa dejase ver más de lo recomendable así que me he dirigido al baño para comprobar que todo iba bien y justo cuando salía me he chocado con Unax que me ha dedicado una de sus pícaras sonrisas. Yo me he quedado paralizada sin saber muy bien que decir y le he saludado con la mano, ¡¡Dios!! me he sentido tan pueril….

Roja como un tomate me he dirigido a mi mostrador me he colocado los cascos de la nueva centralita y he rezado para recordar al menos lo básico de lo que me explicaron ayer porque lo cierto es que si pienso en la centralita lo único que acierto a recordar es el color de su piel y no creo que esa información me sea de mucha utilidad a la hora de contestar el teléfono.

Para mi sorpresa, y tal y como Unax me dijo, este sistema es tan intuitivo y sencillo que ahora lo que me está  dando miedo es no tener ningún problema con su uso y por lo tanto ninguna excusa para pedirle que venga y poder deleitarme de nuevo con esos antebrazos perfectamente definidos. Pero por otro lado ¿Quién dice que no pueda inventarme algún contratiempo?. ¿Pero que dices Elena? ¿Cómo se te ocurre? Esto es serio es tu trabajo. A la mierda mi trabajo!! y poseída por el espíritu de una quinceañera chiflada elimino del PC todos los archivos de programa de la centralita. Seguidamente marco el número que Unax dejó ayer escrito en un post it para posibles incidencias. En cinco minutos estará aquí.

Cuando llega le explico que simplemente he arrancado el equipo y que nada estaba como lo dejamos ayer. Creo que no me ha creído. Creo que sospecha de mi torpeza pero me da igual Unax me ha invitado a una caña a medio día y justo cuando iba a decirle que sí ha sonado mi móvil.

Manuel ha vuelto.

Lourdes ha llegado a mi oficina corriendo, la cara roja del esfuerzo, la respiración completamente alterada, la frente brillante de sudor y los ojos llenos de lágrimas y miedo.

Manuel ha vuelto y con él los recuerdos de aquella época en la que Lourdes se rompía poco a poco. Nunca la vi tan feliz antes  y nunca volvió a ser la misma después.

Por un momento me olvido de Unax, de la centralita y de su invitación y sólo puedo pensar en Lourdes la valiente, la fuerte que apenas si se sostiene de pie ante mí. Y pienso en mí hace dos meses y por primera vez en este tiempo me doy cuenta de que ya no volveré atrás.

 

 

 

 

 

 

Publicado en Preteritas Imperfectas, Sin categoría | Etiquetado , , , , , , | 1 Comentario