Lourdes martes 29 de Julio

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He salido corriendo de la horripilante oficina enmoquetada londinense. Es gris, húmeda y antigua, con pretensiones modernistas y siempre que voy temo que la grisedumbre me atrape y me convierta en una persona gris y hortera como mis compañeros británicos.

No digo que los británicos sean grises y horteras, todos no, pero los de mi oficina si. Sin excepción, son unos seres extraños, grises y muy muy horteras y la oficina no es más que un reflejo de lo que hay dentro.

He mentido y he dicho que mi vuelo salía a las 13:00 cuando en realidad salía a las 14:00 con un poco de suerte, si todo va bien y con la diferencia horaria, estaré en Madrid a las 17:00 y tengo un plan.

 

No puedo decir si la reunión trimestral ha ido bien o mal, no puedo hacer balance ni de mi presentación ni de la de los demás, estaba allí, pero todo ha ocurrido como en un sueño, como si no hubiese estado, me he metido en mi papel, pero mi mente estaba totalmente ausente. De forma mecánica he hablado de lo mismo de siempre, he escuchado las mismas preguntas de siempre, las mismas quejas, tengo mi papel más que aprendido y puedo permitirme el lujo de ausentar mi mente, a ver si aprendo a “ausentar” mi cuerpo también y así me ausento del todo.

 

Ya en el aeropuerto, he encendido por fin un cigarro. No tengo el vicio de fumar, pero me encanta la clandestinidad, saber que está prohibido y aun así hacerlo. Saltarme ciertas reglas me hace sentir poderosa.

 

He llamado a Alonso desde la sala de embarque y no solo le he contado mi plan, sino que además le he pedido ayuda. Una ayuda emocional y logística más que otra cosa, pero en este caso necesitaba oírlo.

– Me quede preocupada con lo de Elena y cómo voy a llegar más o menos temprano, me gustaría pasar a verla y que me cuente….y llegaré tarde a casa.

– Claro, no te preocupes- ha dicho- coge un taxi y que te lleve, yo me ocupo de los niños, tomate el tiempo que necesites.

Tanta amabilidad……. pero como en este caso se trata de “ser más sensible”… No sé de qué me sorprendo a estas alturas, también tiene muy bien aprendido su papel de esposo y padre abnegado y hace todo lo posible para que yo me sienta bien.

  

Nada más entrar en Peche charnel, tengo una sensación extraña. Soy consciente de que todo el mundo me mira, “¿me están esperando?, ¿Tan extraño es entrar en una tienda arrastrando una maleta?”.

Siempre me sorprende la decoración de estas tiendas. Todas las braguitas colgadas perfectamente, ordenadas por colores y modelos, queda todo tan bonito en los maniquíes y colgado en sus perchitas. Suelo comprar aquí, pero me resulta un tanto extraño que Elena también lo haga, no es su estilo.

Una dependienta jovencísima y monísima se acerca a mí y me dice señalando en dirección a los probadores.- está en el segundo.

-Gracias- digo muy confusa ¿por qué saben que soy yo?, ciertamente me estaban esperando.

-Si quiere le podemos guardar la maleta en caja, estará más cómoda- dice la dependienta intentado agarrar el asa de mi trolley.

-No gracias, prefiero llevarla conmigo.

Me dirijo al fondo de la tienda con paso firme. Me encanta el sonido que estos tacones hacen en el suelo de madera de esta tienda.

Llamo a la puerta del probador y segundos después escucho el sonido de la cerradura al desbloquearse.

Elena está sentada en el suelo en una esquina del probador, la cabeza entre las piernas, el pelo enmarañado y semidesnuda, aun lleva puestos sus pantalones pero en la parte superior solo el sujetador que se estaba probando de precioso encaje negro. Me siento a su lado e intento que separe sus manos de la cara. Tiene los ojos rojos de llorar y su rostro refleja miedo, mucho miedo, está aterrorizada. No sé si sabré hacer esto, no sé qué decir, pero tengo que hacerlo.

-Elena. Elena, soy yo, ya esta, estoy aquí- le digo suavemente mientras cojo sus manos entre las mías.

Gracias por venir Lu- me dice mientras sus ojos se llenan de lágrimas y sin querer aparecen en mi mente las imágenes de Superwoman derrotada y una capa que ya no vuela.

Enciendo un cigarro, sé que no se puede fumar, pero ya estamos llamando bastante la atención y sé que a Elena también le gusta esa clandestinidad de hacer algo prohibido.

Poco a poco comienza a tranquilizarse, cesan los sollozos y empieza a explicarme como se siente mientras nos vamos pasando el cigarro. Y yo ya lo sabía, sabía lo que me iba a contar, conozco como se siente, lo he sabido siempre. Sé que está pensando cuando me cuenta que su vida no tiene sentido, que no se siente realizada que está harta de ser madre y ocuparse de los demás, que no sabe qué hacer, que se aburre y no quiere continuar.

Hago que se vista, ya está mucho más tranquila, saco mi neceser de la maleta y arreglo su cara con una toallita húmeda, le borro los churretes negros de alrededor de sus ojos apenas maquillados y peino su pelo, aprovecho para rociar el probador con un poco de perfume. Damos las gracias a las dependientas que nos miran estupefactas y salimos a la calle donde un golpe de calor nos recuerda que estamos en Julio y apenas quedan unos días para coger vacaciones.

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Una respuesta a Lourdes martes 29 de Julio

  1. irene dijo:

    …¡me esta encantando! y estoy con vosotras, saltarse reglas reconforta y te hace sentir un poquito mas libre

    Me gusta

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