¿Como es tu vida?

but i love you

No se ni cuantos días llevo trabajando ya, haciendo como que trabajo más bien, porque no me centro, no estoy. Cuerpo presente, mente ausente.

Algo me ronda la cabeza, algo me acecha y no sé que es. Voy de un lado a otro como si llevase una escafandra puesta, como flotando y lo más sorprendente es que me siento bien. Estoy a gusto en mi nube post-vacacional, incluso hablo con la rubia de bote, “mi asistente”.

De repente hemos formado un gran equipo. Me la llevo a las reuniones y hago que tome notas, hace esas llamadas que a mí no me apetece hacer, envía e-mails en mí nombre, me recuerda  cosas que a mí se me olvidan y esta contentísima, pese a que tiene menos tiempo para limarse las uñas. La tengo al cien por cien,  yo no llego  ni al cuarenta.

 

He de reconocer que pese a mí resistencia inicial, tenerla a mí lado me resulta de gran utilidad. El otro día  incluso la invite a tomar café en la cafetería de abajo, no en la maquina sino en mi cafetería preferida,  con camarero y café de verdad. Estuvimos hablando de trabajo y me confesó que se siente mejor haciendo cosas y siéndose útil. Que tenía la sensación de caerme mal. Yo  no fui sincera del todo y salí del paso alegando que no estoy acostumbrada a delegar. Resulta que no es tan tontita como imaginaba.

Los últimos acontecimientos en mi vida están haciendo que vea las cosas de otra manera. Elena y su desubicación terrenal, mi hermana Mónica y su ubicación estelar, Berto y mi reconocimiento ante el espejo, Alonso y sus escapadas y vuelta a las andadas (si Alonso, lo se y ¿sabes qué? Que me da igual). La vuelta al cole de los niños. La tía Carlota y sus oportunidades, las mías…Por primera vez en mucho tiempo mi vida personal me pesa más que mi vida laboral y me gusta.

Hoy vuelvo a mi cafetería favorita, esta vez con el periódico.

Me encanta este sitio, es encantador. Llevo años viniendo y siempre que entro me atrapa el aroma del café de forma irremediable, me siento como en casa, ni siquiera tengo que pedir, me conocen y saben lo que quiero y como lo quiero, no pasan ni dos minutos cuando tengo en mi mesa un café solo “cargadito”.

Abro el periódico con una sonrisa en la boca que se desvanece instantáneamente cuando oigo  que alguien pide al otro lado de la barra:

-Un café solo “cargadito”, por favor.

…Y reconocería esa voz en cualquier parte del mundo.

… Y cierro los ojos para volver abrirlos y que solo sea un sueño.

… Y no sé si esconderme tras mi periódico.

… Y no sé si hacer como que leo.

… Y abro los ojos.

… Y miro.

… Y no es un sueño, es real.

… Y comienzo a temblar.

 

El corazón me late muy deprisa, se me olvida respirar y de pronto… todo se funde en negro. Durante un imperceptible segundo pienso que voy a morir, lucho por serenarme, me tiemblan las manos. Se vuelve  hacia mí y con cara de sorpresa me sonríe. Es inevitable, me ha visto. Sonrío.

No sé si podre levantarme sin tirar la mesa, me tiemblan las piernas, no voy a poder caminar.

Nos acercamos el uno al otro con paso lento, como si quisiéramos que el tiempo se alargara infinitamente, como si la alegría del reencuentro llevase consigo la pesada sombra de la inevitable despedida.

Nos damos dos besos de cortesía, sin apenas tocarnos, dos besos temblorosos.

Hacía tanto que no olía su perfume, tanto que no sostenía su mirada, tanto que no sentía su piel.

Nos sentamos en mi mesa que ahora es mucho más pequeña y no sé qué decir, tengo tantas preguntas.

Las cucharillas chocan con las tazas dejando en evidencia los pulsos alterados.

Miro su cuello y aspiro fuerte intentando atraer el olor de su  piel. Me invade un escalofrío. Miro sus labios e inconscientemente recuerdo su sabor en los míos.

-¿Cómo es tu vida? -Me pregunta.

¿Cómo es mi vida? Repito mentalmente, y me quedo en silencio pensando que contestar,  dando vueltas a la cucharilla en una taza vacía, tratando de adivinar si se trata sólo de una pregunta de cortesía o si de verdad estará dispuesto a escuchar mi respuesta.

¿Cómo es mi vida? Mi vida no es mía. Mi vida se perdió cuando te perdí quisiera decirle, y desde entonces sólo vivo una vida prestada llena de cosas que no me pertenecen, llena de afectos que no merezco, llena de tu ausencia, llena de preguntas sin respuesta.

Una vida que algún día me pasará la factura de la farsa, una vida llena de horarios, de sexo aséptico, llena de sueños que quedan guardados en cuadernos, una vida que no es mía. Una vida en la que no estas, y en la que el único sentimiento que me pertenece es el dolor de no tenerte.

Le miro de nuevo, pero ya no le reconozco, no soy capaz de atrapar el olor de su piel, ni de sostener su mirada.

-¿Cómo es mi vida? Mi vida es genial- respondo.

Y le cuento mi “fantástica” vida, mis nuevos proyectos laborales, que tengo secretaria, que he estado de vacaciones en Santander como siempre, que los niños ya han empezado el cole.

-Y… ¿que tal están los niños?-Me interrumpe

-Grandes.

Y no me atrevo a decirle que hace tiempo que dejaron de preguntar por él.  Que se dieron cuenta  de que al hacerlo Mamá se ponía triste  y lloraba. No me atrevo a decirle que son lo único que me mantiene a flote sobre la tierra.

… Y sé que me toca preguntar qué tal esta él, dónde ha estado, cómo le ha ido, pero no lo quiero oír, no lo quiero saber. No quiero saber que es feliz sin mí, que se ha olvidado de todo. No quiero saber dónde ni con quién ha estado. No quiero saber por qué esta aquí, en nuestra cafetería, en Madrid.

Su móvil vibra sobre la mesa, no lo coge. Me mira  nervioso.

-Me tengo que ir, me están esperando.

– Si claro… no te preocupes- consigo decir antes de que el nudo que se está formando en mi interior llegue a mi garganta y me impida hablar.

– Me alegro mucho de verte.

Recoge sus cosas, paga los cafés y sale por la puerta sin mirar atrás, sin mirar hacia mí, sin ver que el nudo de mi interior  ha llegado a mis ojos y estallado en lágrimas.

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