Lourdes. Tengo un e-mail

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Son las cinco y media  de la mañana y estoy harta de dar vueltas en la cama, cansada de no dormir, saturada de pensar y llegar siempre a la misma conclusión una vez tras otra. Toda la noche imaginando, soñando despierta, fantaseando posibilidades, ansiando respuestas.

He intentado  pensar en la historia que me contó Elena para distraerme, el motivo de su sonrisa picara, el adonis disfrazado de técnico de centralita y por mas vueltas que le daba, imaginándome a Elena sonriendo por fin, disfrutando de su posible cena con Unax, no podía evitar recordarme junto a Manuel, Manuel en mi cama, Manuel haciéndome reír, Manuel haciéndome el amor,  Manuel haciéndome feliz.

Deseando dormir, perder la consciencia unas horas. Necesito descansar mi cabeza, dejar de pensar.

Dormir, dormir, dormir uno de los mayores placeres de mi vida, nunca me parece suficiente, siempre quiero más. Constantemente arañando unos minutos al despertador, soñando excusas para no ir a trabajar y quedarme en la cama hasta mediodía, pero hoy no, el sueño no ha llegado y estoy deseando irme a trabajar, distraerme.

Me levanto en silencio y con más sueño del que me acosté, me preparo un café cargadito y todo, cada uno de mis silenciosos movimientos, me devuelven a mi realidad.

Enciendo el portátil con la intención de ponerme a trabajar. Leo la prensa y no ha pasado nada importante en el mundo, veo tendencias de moda y no hay nada que me llame la atención aparte del retorno de los vaqueros nevados de los ochenta que ya eran horribles antes y ahora lo son más. La vida sigue igual, la tierra no ha dejado de girar sobre su eje, no ha habido una hecatombe mundial, ni se han descongelado los polos, ni han venido los extraterrestres a invadirnos, la Tierra sigue girando igual que yo. Mi vida sigue, no puedo parar ahora, esto no se puede convertir en mi holocausto personal  otra vez.

Me levanto, extiendo los brazos sobre mi cabeza, respiro hondo, mantengo el oxigeno en mis pulmones, respiro despacio, la vida sigue, mi vida sigue y yo con ella. Mis neuronas se ordenan  y tomo las riendas  de la situación: si, Manuel esta aquí, pero yo ya no soy la misma, ni la situación es la misma.

Respirar y beber café siempre ayudan.

Abro el correo, cuarenta mensajes sin leer, casi todos de Lucia, llamadas perdidas, mails sin contestar y un breve resumen de la reunión de ayer, todo correcto hasta que mis ojos se detienen sin querer en un sobrecito cerrado con remitente de sobra conocido, cierro los ojos con fuerza, con la esperanza de que al abrirlos haya desaparecido, que solo sea un producto de mi imaginación o de la falta de sueño, un error, una confusión de mis ojos. Al abrirlos sigue allí. Cerrado y no lo voy a abrir.

Hoy comienza una nueva etapa, a pesar de no haber dormido, me siento fuerte con ganas  de superar esto. Hoy comienza mi nueva vida con Manuel en Madrid pero sin Manuel.  Tengo que ser fuerte, mucho más fuerte que nunca, “empoderarme”, palabra que no se si existe en español pero que Berto me repite una y otra vez y me encanta.

Busco a ver si existe…

Según Wikipedia: se refiere al proceso por el cual se aumenta la fortaleza espiritualpolíticasocial o económica de los individuos y las comunidades para impulsar cambios positivos de las situaciones en que viven. Generalmente implica el desarrollo en el beneficiario de una confianza en sus propias capacidades.

Pues eso, confío en mi capacidad de superar esto y no necesito leer su mail, no quiero saber porque me escribe, no quiero explicaciones, sé de sobra porque se fue, ni idea de porqué  ha vuelto, pero hoy no lo quiero saber porque hoy, soy fuerte, hoy puedo con todo.

Y mientras pienso esto y sonrío internamente, recuerdo la sonrisa de Elena mientras me relataba su encuentro con Unax y recuerdo a Elena llorando en el probador del Peche Carmel  y me doy cuenta de cómo puedan cambiar las cosas en pocos meses, incluso de un día para otro. Podemos pensar que nuestra vida está acabada y una pequeña chispa, un pequeño detalle nos devuelve a la vida.

Probablemente el retorno de Manuel sea la chispa que necesitaba, la descarga eléctrica que  pone en marcha mi corazón (en paro cardiaco desde que se fue).

Amanece  y mi casa se llena de luz igual que mi alma. En silencio para  no despertar a mi familia, me ducho, me hidrato, me maquillo y acicalo  como si no hubiera un mañana. Cuando se despiertan tengo el desayuno preparado, las mochilas y todo lo necesario para irnos al colegio cantando en el coche como si fuese el día más feliz de mi vida. Los niños están atónitos ante su nueva madre y yo me quedo patidifusa ante el beso de despedida de Alonso que me dice:

-Estas radiante hoy, se nota que has descansado.

Y estallo en carcajadas internas.

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