Elena. Beber a morro

cervezasEn esta fiebre adolescente en la que me encuentro sumergida he recuperado algunos hábitos que ya daba por desterrados en mi vida.

Camino mucho. Y no lo hago corriendo. Camino pausada y me paro en los semáforos y espero a que el muñequito verde me indique que ya puedo seguir. Igual este gusto por la calma tiene algo que ver con que últimamente al final de mis piernas hay tacones y por mucho empeño que le pongo aun soy poco diestra en su manejo.

También he vuelto a beber tercios, así, de la botella directamente apoyada en la barra de un bar. Y me gusta la sensación que provoca en mi.

Otra costumbre recuperada ha sido la de mirarme al espejo. Lo hago mientras me arreglo, al salir de casa para constatar que mi aspecto sigue siendo magnifico, en el retrovisor, en el ascensor….. Y es que ese tonteo que mantengo con Unax me está viniendo de perlas o como diría mi nueva yo, esa que bebe a morro de un tercio de Mahou, de puta madre.

A el que creo que no le hace tan feliz este cambio es a Marcos, supongo que no le gusta porque no está participando de el, y eso que ignora el verdadero motivo del mismo. No tiene ni idea de que bebo tercios o camino despacio.

Lo que si ha descubierto es otra de las actividades que he recuperado. Hacía mucho que no lo hacía, mucho mucho tiempo. Pero….ayer después de estar con Unax, al meterme en la cama y notar el roce de las sabanas sobre mi piel no pude evitar deslizar las manos por mis muslos. Y en esas estaba, acariciándome, totalmente abstraída, cuando Marcos entró en la habitación y lejos de avergonzarme o intentar disimular le invite a que se acercase y se uniese a mi estallido adolescente.

Nunca antes había sentido tanto estando en la cama con Marcos. Estando con Marcos pero sin estar con él porque allí en aquella cama eramos Unax y yo los que nos revolcábamos, tocábamos y besábamos . Eran las manos de Unax las que agarraba mientras me movía sobre Marcos, eran sus ojos los que me miraban.

No sé qué pasó. No sé porque sentí todo aquello. Sólo sé que fue absolutamente increíble y que después me sentí increíblemente vacía.

A la mañana siguiente Unax se despidió de mí. El trabajo le obligaba a volver a su ciudad.

Yo sigo bebiendo tercios a morro.

 

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