Lourdes. Nuestro momento.

kelly 158Isabel y Natalia habían llegado a Lisboa huyendo de sus propias rutinas. Formaban una curiosa pareja de viaje.

Isabel, una mujer fuerte y calmada se acercaba a los 50 con gran elegancia y sabiduría. Divorciada desde hacía 10 años y madre de Natalia una joven enérgica, sin la serenidad que los años habían dado a su madre pero clara heredera de la elegante belleza de ésta.

Aquella noche Elena y yo compartimos con ellas el motivo de nuestro viaje. Hablamos de esos hombres que nos hacen perder la cordura, de lo que nos une a la vida, los hijos, y ellas, cada una de ellas, nos dio la oportunidad de ver el antes y el después.

Allí en aquella mesa, cuatro mujeres éramos capaces de representar el proceso de cambio que muchas de nosotras atravesamos.

Isabel nos miraba con esos ojos que te dicen “yo he pasado por esas calles y un día se llenaran de luz”.

Natalia no comprendía cuál era nuestra queja, qué era lo que de nuestros mundo en apariencia perfectos nos parecía tan insufrible y necesitábamos cambiar, y nosotras a su vez  le mirábamos tratando de explicarle que ya lo descubriría, que ya llegaría, que no es necesario correr….

Yo miraba a Natalia y me veía a mí misma hacía unos años. Y entonces Alonso irrumpía en mi cerebro como siempre, por derecho, sin importarle lo que estuviese ocurriendo en mi corazón, y mi corazón lo ocupaba Manuel, que despacito, poco a poco  iba llenando todo mi cuerpo y al llegar a mi cabeza luchaba en una batalla sin rehenes contra Alonso….

Quise hablarle a Natalia y advertirle de lo que ocurriría si se conformaba con la comodidad que aquel novio al que no dejaba de escribir con el móvil y que estaba claro que no era del agrado de Isabel, le proporcionaba. Pero, ¿acaso yo habría abandonado a Alonso sólo porque una mujer mayor que yo a la que hubiese conocido en su huida hacía la vida me lo hubiese sugerido?…..No.

A la mañana siguiente Elena y yo abandonamos el hotel dejando en aquella ciudad el peso de muchos meses .

Nos dirigimos al aeropuerto en silencio y en silencio permanecimos durante todo el vuelo reconstruyendo nuestras vidas, planificando lo que sería de ellas a partir de ahora.

Cuando el avión comenzó el descenso Elena tomó mi mano “Este es nuestro momento” y el ruido del tren de aterrizaje al entrar en contacto con la pista ahogo un “Si” que salía de lo más profundo de mí…..

Nuestro momento.

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